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Irreductible el 07-06-2012 12:06 UTC publicado: 07-06-2012 13:40 UTC

La noche del 5 de junio falleció Ray Bradbury. Pero él no se fue. Dejando sus palabras como la mejor herencia, entre las últimas entrevistas que dio, tuvimos el honor de hablar con él, en la tranquilidad de su casa de Los Ángeles.
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Por lo demás, una entrevista MUY interesante.
Edit: una muestra "Con el paso del tiempo se volverá a leer el diario, porque nos cansaremos de Internet."
Es muy sorprendente que alguien tan hábil para escribir novelas de ciencia ficción apueste por la vuelta del papel, la religión y un concepto tan formal de familia... entre otras perlas
- Yo tengo una máquina de escribir, no necesito computadora. El correo electrónico o el fax no significan nada. No son esenciales.
Dicho eso, volved a pensar si fue conservador para su época o no.
Y ojo, con esto no quiero decir que esté de acuerdo con muchas cosas (dígase religión, importancia de Internet o similares).
No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona. José Saramago
- Eso no significa nada. Es como escribir cartas. No hay diferencia entre escribir con una computadora y escribir cartas."
Aivá la ostia...
¿Qué tal iría un Menéame analógico por cartas? Sería lo mismo,¿no? (xD)
Me recordó una frase de otro gran pensador: "¿Internet? ¿Todavía anda eso por ahí?". Homer Simpson
No recuerdo quién decía que los jóvenes han nacido para ser revolucionarios y volverse conservadores con la edad. El problema es cuando se es joven y ya se es conservador: la sociedad se estanca.
RAY BRADBURY, SEGÚN LA ENCYCLOPÆDIA BRITANNICA (2004)
Bradbury, Ray
b. Aug. 22, 1920, Waukegan, Ill., U.S.
in full RAY DOUGLAS BRADBURY American author best known for highly imaginative science-fiction short stories and novels that blend social criticism with an awareness of the hazards of runaway technology.
Bradbury published his first story in 1940 and was soon contributing widely to magazines. His first book of short stories, Dark Carnival (1947), was followed by The Martian Chronicles (1950), which is generally accounted a science-fiction classic in its depiction of materialistic Earthmen exploiting and corrupting an idyllic Martian civilization. Bradbury's other important short-story collections include The Illustrated Man (1951), The Golden Apples of the Sun (1953), The October Country (1955), A Medicine for Melancholy (1959), The Machineries of Joy (1964), I Sing the Body Electric! (1969), and Quicker Than the Eye (1996). His novels include Fahrenheit 451 (1953; filmed 1966), Dandelion Wine (1957), Something Wicked This Way Comes (1962; filmed 1983), and Death Is a Lonely Business (1985). He wrote stage plays, television scripts, and several screenplays, including Moby Dick (1956; in collaboration with John Huston). In the 1970s Bradbury wrote several volumes of poetry, and in the 1970s and '80s he concentrated on writing children's stories and crime fiction. His short stories have been published in more than 700 anthologies.
RAY BRADBURY, SEGÚN BORGES
(...) Por su carácter de anticipación de un porvenir posible o probable, el Somnium Astronomicum prefigura, si no me equivoco, el nuevo género narrativo que los americanos del Norte denominan science-fiction o scientifiction (...) y del que son admirable ejemplo estas Crónicas [Marcianas]. Su tema es la conquista y colonización del planeta. Esta ardua empresa de los hombres futuros parece destinada a la épica, pero Ray Bradbury ha preferido (sin proponérselo, tal vez, y por secreta inspiración de su genio) un tono elegíaco. Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilación los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo -que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y » ver todo el comentario
ENTREVISTA A RAY BRADBURY
Viste bermudas, camisa, corbata, calcetines blancos y zapatillas. Sobre su nariz fuerte están calzados los anteojos de siempre. El pelo, blanquísimo, como de cuento infantil; la cara, franca y tostada. En la mesa escritorio, frente a él, cientos de papeles, sobres, cartas, libros, diarios, anotaciones, un teléfono,una radio, pequeños carteles. La mirada le brilla; la voz, potente, se vuelve un susurro cuando se pregunta cómo nació el universo. Ríe con ganas y dice que tiene tres libros para publicar este año y tres el próximo; que acaba de terminar un guión para cine, dos novelas, dos libros de poesía y uno de ensayos.
Ocho meses después de un ataque de apoplejía y recién cumplidos los 80, Ray Bradbury se emociona cuando habla de la vida y de Marte. Esa vibración es lo que más impacta de su presencia, aunque una mirada atenta podría descubrir a su derecha el bastón con cuatro patas que le ayuda a superar cierta dificultad en la pierna y el brazo de ese lado. "Gracias a Dios camino mejor y puedo hablar bastante bien
dice. Y puedo crear con mi mente. Mi cerebro está bien. No fue afectado. Mi genio, o lo que fuere, quedó a salvo. Gracias al cielo."El celebérrimo autor de ciencia ficción, padre de "Crónicas marcianas" (escrito hace 50 años) y de "Fahrenheit 451" (que será puesta en escena en enero próximo en Nueva York), se muestra en entrevista muy crítico con el uso que se hace de las nuevas tecnologías, y no duda en calificar el correo electrónico de pérdida de tiempo y fuente de cotilleos.
- ¿Continúa sin ordenador?
- No lo necesito, ni yo ni mucha gente. Depende, claro, de lo que uno haga. Hace 60 años que uso la máquina de escribir. Tengo tanto entrenamiento que puedo escribir sin errores, incluso puedo hacerlo en la oscuridad. Escribí una novela en la oscuridad una noche en París, mientras mi esposa Maggi dormía. Trabajé sin encender la luz. Cuando amaneció, había terminado la novela.
- ¿Nunca tuvo un ordenador personal?
- Me regalaron uno hace cosa de diez años, pero cometía errores y luego los tenía que corregir. Yo no cometo errores cuando escribo con la máquina eléctrica. Las teclas del ordenador son tan sensibles al tacto que uno suspira y ya está, ha cometido un error. Qué quiere que le diga. Me gusta el papel... Adoro mi IBM eléctrica. Además, los ordenadores son diez veces más caros que las máquinas de escribir.
- ¿No cree, sin embargo, que son avances que nos pueden » ver todo el comentario
Cómo alimentar a una musa y conservarla
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... Mírese, entonces. Pondere aquello que lo ha alimentado durante años. ¿Fue un banquete o una dieta de inanición?
¿Quiénes son sus amigos? ¿Creen en usted? ¿O le atrofian el crecimiento a fuerza de ridículo e incredulidad? Si éste es su caso, usted no tiene amigos. Vaya a encontrar alguno.
La mente secreta
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Yo nunca en mi vida había querido ir a Irlanda. Pero allí estaba John Huston, al teléfono, pidiéndome que fuera a tomar una copa a su hotel. Esa tarde, copas en mano, Huston me oteó cuidadosamente y dijo:
- ¿Qué le parecería vivir en Irlanda y escribir mi Moby Dick para la pantalla?
Y de repente partimos tras la Ballena Blanca; yo, mi mujer y mis dos hijas. Seguir el rastro a la Ballena, cazarla y quitarle las aletas me llevó nueve meses.
De octubre a abril viví en un país donde no quería estar.
Me pareció que no veía, oía ni sentía nada de Irlanda. La Iglesia era deplorable. El tiempo espantoso. La pobreza inadmisible. No quería enterarme. Además, estaba ese Gran Pez...
No contaba con que mi inconsciente me hiciera una zancadilla. En medio de tanta humedad raída. Mientras armado de mi máquina intentaba llevar el Leviatán a la playa, mis antenas captaban a las gentes. No es que mi yo despierto, consciente y en marcha no se fijara en ellos, los quisiera, los admirara y tuviese algunos amigos. No. Pero lo general y omnipresente eran la pobreza y la lluvia y la pena por mí mismo en un país apenado.
Con la Bestia fundida en aceite y entregada a las cámaras huí de Irlanda, convencido de que no había aprendido nada salvo a temer las tormentas, las nieblas y los mendigos de las calles de Dublín y de Kilcock.
Pero el ojo subliminal es taimado. Mientras yo lamentaba la dureza del trabajo y mi incapacidad, día por medio, para sentirme tan parecido a Herman Melville como yo deseaba, mi interioridad se mantenía alerta, husmeaba en las honduras, escuchaba con paciencia, observaba con rigor y archivaba a Irlanda y su gente hasta el día en que al fin me aflojé y me sorprendieron surgiendo a torrentes.
Volví a casa vía Sicilia e Italia, donde me horneé para desprenderme del invierno irlandés, asegurando a todos y cada uno que nunca escribiría «nada sobre los Veloces de Connemara ni las Gacelas de Donnybrook».
Debería haber recordado mi experiencia de años antes en México, donde había encontrado, no lluvia y » ver todo el comentario