amazings.es/2012/05/16/el-programa/ por
--309161-- el 16-05-2012 09:09 UTC publicado: 16-05-2012 15:15 UTC

Siempre recordaré su nombre, sus propiedades y el lugar en que la encontramos: molibdenita, una fina lámina de intenso brillo plateado que estaba incrustada entre otros minerales, en unos enormes pedruscos con los que hicieron el espigón de la playa de Foz, el pueblo en el que crecí. No es un mineral fácil de encontrar, pero eso no era un inconveniente para la ilusión de sabueso con que los cuatro amigos husmeábamos buscando rocas por los alrededores del pueblo. Lo hacíamos en las horas libres, al salir del instituto.
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Para el resto hay un universo de posibilidades ahí fuera.
La semana pasada vino un inspector de Educación a mi instituto para comprobar —entre otras cosas— que estábamos siguiendo el programa. El programa tampoco lo decide él: los contenidos que impartimos vienen decididos mediante leyes y reales decretos que, como empleados públicos, debemos obedecer, y que son elaborados por personas que no han visto un adolescente a menos de 200 metros (psicopedagogos y políticos, principalmente). Luego, si el tiempo lo permite —que normalmente, no— podemos hacer otras cosas. Pero no seguir el programa puede costarnos la apertura de expedientes y sus correspondientes sanciones (como pérdida de días o meses de empleo y sueldo, y cosas así).
Así que, lamentablemente, muchas veces te ves obligado a no impartir algo que consideras más interesante (y lo que es mejor, que tus alumnos consideran más interesante) que el programa porque, primero, estás obligado a cumplir la ley, y segundo, no quieres que te sancionen.
Esta semana, los profesores de Educación Física de mi instituto iban a llevar, como todos los años, a los alumnos a realizar actividades de conocimiento del entorno y de salud física al aire libre. Ha llegado una orden de la Dirección Provincial de Educación prohibiendo dichas actividades (sí, la palabra es "prohibiendo").
Yo, cuando puedo, les meto en mis exámenes y trabajos (soy de Lengua) textos de El Principito, de Stevenson, de Stanislaw Lem, de Asimov, de Borges, que siempre encuentran más interesantes que las obras de literatura española que estamos obligados a empujar por la garganta de los adolescentes. Pero la ley me dice que les tengo que enseñar determinadas obras, y con el tiempo que me sobra (que nunca lo hay) puedo hacer otras actividades.
Pero, como los casos citados antes, siempre es más fácil gritarle al empleado de la ventanilla del banco que cobra 1.000 euros, al pakistaní del otro lado de la línea o al profesor, que intentar pedir explicaciones a los auténticos responsables (entidad financiera, empresa de telecomunicaciones o el político del ramo). Después de todo, ni el bancario, ni el teleoperador ni el profesor constituyen un enemigo demasiado temible, y no es necesaria gran valentía para atacarlos a ellos. No se consigue nada, pero el deporte rey en España, después de la envidia, es descargar tu frustración contra el que tienes delante, y ya se encargará él de descargar la suya contra otro que se encuentre y que sea aún más débil.
Por lo demás, comparto el espíritu de búsqueda de sabiduría y, sobre todo, la necesidad de que los profesores seamos más imaginativos en nuestras clases... cuando la ley y las autoridades nos lo permitan, claro. Así que meneado.
Y creo que lo consigue eficazmente...
Yo no soportaba los libros que me obligaban a leer en el instituto, por mucho clásico de la literatura que fuera, y probablemente fuera porque me obligaban a hacerlo. No fui capaz de leer "La celestina" ni "El Quijote" entero. Sin embargo me encanta leer, lo encuentro enriquecedor y estimulante. Cada vez que empiezo un libro lo hago con ilusión por saber qué personajes nuevos "conoceré" durante 600 páginas. Pero lo elijo yo, y no tiene un plazo de entrega del resúmen.
En el instituto nos llevaron de excursión a un ensayo de la orquesta nacional, y creo que lo disfrutaron dos niños de todos los que fuimos. Yo no lo hice, me dormí (me averguenza, pero así). Varios años después voy 5 o 6 veces al año a ver conciertos al Auditorio Nacional o al Monumental cuando me apetece, porque me apetece y me gusta.
A veces el placer de descubrirlo tú con tus amigos le da cierto toque de "aventura". Estaba leyendo el artículo y me venía a la cabeza un grupo de chavales tipo "los Goonies". No sé, no todo te lo tienen que mostrar, a veces tienes que descubrir.
Bueno, si, como guía. Pero la responsabilidad de digerir lo que quiere transmitir el programa y dar respuesta a una situación concreta de la realidad de tu aula, es tuya y de tus habilidades. Eso no hay dinero que lo pague.
Premio, a mí las clases siempre me han parecido soporíferas, seguramente porque las daban en plan servicio técnico de telecomunicaciones "Apague y encieda el router, pruebe a navegar". No señores, eso no es enseñar, eso es recitar lo que hay en el libro al más puro estilo loro, con lo cual mi motivación era poca o nula y si no te motivas no tienes curiosidad y si no tienes curiosidad aprendes lo justo para que no te suspendan.
Creo que la enseñanza especializada debería empezar desde muy temprano y ver quien está interesado en ciencias y quien en letras, eso se ve pronto, me da la impresión de que habría tanto fracaso escolar.
"Solo hay 2 cosas equivocadas en el sistema educativo: lo que enseñamos y como lo enseñamos"
www.rogerschank.com/
A pesar de eso sí que estoy de acuerdo contigo en que la motivación es la clave de que se consiga calar en el alumno.
¡Que linda profesión!
Un profesor tiene una materia que dar, la mayor parte de ella es teórica, está programado por el ministerio de educación, y esos tiempos son muy ajustados. No puedes decir, "como doy geología mañana nos vamos al campo a buscar minerales", porque estarás retrasando al resto de profesores.
Creo que esa labor debería estar de manos de los padres (los verdaderos educadores) que deberían decir: Estas estudiando minerales? "Pues el fin de semana nos vamos a buscar" pero claro no tenemos tiempo. Los profesores son el camino y deben fomentar la curiosidad, buscarte amigos con intereses comúnes que hagan crecer esa curiosidad (en mi ejemplo mis amigos SOLO quedaban para jugar al fútbol y aunque les proponía muchos planes, al final lo que se acababa haciendo es jugar al futbol)
Por mi parte toda mi curiosidad sobre informática fue gracias a un profesor de matemáticas y posteriormente a un profesor de química (que aunque era horrible dando clases a mi me dejaba utilizar los ordenadores del colegio ya que yo no tenía.
pasa en España, pasa en USA, pasa en TNT.
Estoy en desacuerdo, no se lo cree ni él. Típico vaporware made in USA. ¿El fallo? extrapolar paradigmas de la inteligencia artificial a la epistemología real. Créeme, yo también caí en ese error.
El profesor evalúa con sus compañeros a lo largo del curso esos condicionantes y se va adaptando. No somos máquinas de respuestas inmediatas ni vendedores de enciclopedias a puerta fría. Enseñamos con el tiempo. "time is our side".
Esa curiosidad de la que habla el articulo la sentía y la siento a diario, y poco a poco le voy metiendo el gusanillo a mi hija, que está a punto de cumplir 8 años.
Espero que algún dia le resulte tan gratificante como a mi conocer tantas cosas del mundo que la rodea.
Afortunadamente los hay, desgraciadamente suelen tener problemas. Salise del curriculo no está muy bien visto por los "otros" "profesores", eso que van a sus clases poco más que a fichar.
Eso sí, ya nos encargamos de quitarles esa inquietud forzándoles a memorizar cosas (y haciendo que identifiquen aprender con esa tortura), diciéndoles que no pregunten tonterías para que no molesten y dejándoles ante la tele 8 horas al día.
Pero un niño es el mejor científico que existe, con su extrema curiosidad y su amplia imaginación. Si potenciáramos esas características en cuenta de ahogarlas...
La respuesta es : nínguno.
Nos quedamos a la mitad de las matemáticas necesarias para poder defenderse uno en un primer curso universitario, tal como está la universidad planteada en España. Muchos compañeros lo iniciaron sus estudios universitarios, compañeros inteligentes, y no superaron el primer año universitario principalmente debido a que el escalón planteado por el sistema educativo era demasiado alto.